Amañar y falsificar las pruebas, inventar los datos y copiar los resultados de los colegas son algunas de las tretas a las que recurren los piratas del laboratorio para cometer fraudes. Estos no son en ningún caso motivo de orgullo, pero sí que llama la atención y produce sorpresa la manera en que urdieron el engaño o cómo fueron desenmascarados.

Un retoque orbital.
El astrónomo alemán Johannes Kepler (1571-1630) forzó los cálculos para ajustar al milímetro su teoría de que los planetas se mueven en órbitas elípticas y no circulares alrededor del Sol.

Quien mucho publica...
Robert Slutsky, radiólogo de la Universidad de California en San Diego, publicaba a un ritmo de un artículo científico cada 10 días. Cuando el comité científico revisó sus 137 publicaciones, se encontró con experimentos inventados, mediciones incorrectas e inexistentes y análisis estadísticos urdidos por su imaginación.

Fraude de gravedad.
Isaac Newton amañó los resultados de sus cálculos de la velocidad del sonido y de los equinoccios para formular su teoría gravitatoria.

¡Qué mal padre!
El matemático suizo Johann Bernoulli (1667-1748) se apropió de unas ecuaciones desarrolladas íntegramente por su hijo Daniel, pionero de la hidrodinámica y de la teoría cinética de los gases. Además, dató la publicación de forma que su hijo pareciese el plagiador.

Lo que la natureza no da...
El psicólogo inglés Cyril Burt (1883-1971) sostuvo la hipótesis de que la herencia determina la inteligencia de las personas basándose en datos de su invención.